
Toda empresa comunica. En mayor o menor medida, con más o menos control, planificando o respondiendo a necesidades coyunturales, pero siempre hay comunicación.
Sin importar que sea pequeña, mediana o grande, su empresa construye una imagen de sí misma en la mente de sus clientes. Ya sea que haga grandes campañas publicitarias o que simplemente aplique su logo en tarjetas personales, va a estar comunicando. Incluso si ni siquiera tuviera una imagen institucional definida sus clientes consumirán el producto o servicio, evaluarán su calidad y emitirán un juicio, es decir, crearán una imagen que a su vez transmitirán a su círculo de influencia. La comunicación es constante.
Su empresa se involucra cuando comunica acerca de su servicio o producto, se compromete con lo que dice y es confrontada por sus clientes. Cuando comunica hacia adentro, ocurre lo mismo con sus empleados. La comunicación implica entonces un desafío: lograr que sus clientes o su personal interpreten lo que quiere transmitir. Esta asociación no es casual, por lo que su empresa debe ser proactiva y realizar acciones orientadas a generar esa asociación. La comunicación es compromiso.
Sus acciones sobre la comunicación deben estar proyectadas en el tiempo, requieren de cierta continuidad de manera que no resulten hechos aislados, sino un conjunto de acciones coherentes y significativas. Una empresa inteligente tendrá objetivos, identificará instancias claras de comunicación, sabrá sistemáticamente qué es publicable y qué no, tendrá herramientas para que sus comunicadores sepan cómo actuar y elegirá a qué público comunicar con qué mensajes. La comunicación requiere planificación.
La comunicación en sí, en su esencia, implica reflexión y dispara interrogantes. Y, lo ideal es saber las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Está organizada la comunicación de su empresa? ¿Cuáles son los objetivos? ¿Qué acciones realizan para alcanzarlos? ¿Existen responsables de comunicación con roles definidos? ¿El discurso está unificado?
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